De cuando recolecté flores de almendro

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Siempre que creo un jabón, empieza creándose muchos días antes del momento en que me pongo a materializarlo con las manos, de una manera imperceptible. Algo me inspira, ya sea un paisaje, una persona, un momento... y, como una semilla, va brotando en mi cabeza y van apareciéndome imágenes, mezclas, fórmulas, olores y colores. El proceso empieza, sutilmente, así.

Este jabón empieza creándose, sin ni siquiera saberlo, años atrás, incluso antes del momento en que aprendo a hacer jabones. Nace de mi época de estudiante en Barcelona y de mis viajes diarios en tren. El trayecto pasaba por campos cultivados, que se iban iluminando a medida que salía el sol. Muchas veces dormía. Pero, cuando era febrero, me contenía para no cerrar los ojos. Aún durmiendo 6 horas, no me perdía los almendros en flor. Me cautivan. Un símbolo, para mí, de que la primavera se acerca.

Antes que las demás flores llegas tú para reinar sobre todas ellas. Y con verdad que eres de venturoso presagio, pues en tu cándida hermosura aparece la primera sonrisa del mundo y de la primavera. 
— Ebn inin. Flor del almendro

Muchos años después, me viene esa imagen y esa sensación a la mente. Y un 11 de febrero salgo a pasear por los campos de mi pueblo, con la intención de encontrarme con los almendros en flor. Llevo una bolsa de tela de algodón. En mi cabeza revolotea la idea de crear un jabón especial, de formar parte de todo el proceso, desde el inicio, con mucho mimo. Como una oda a los almendros en flor. Recolectaré las flores para decorar el jabón.

Voy de un almendro a otro, de una rama a otra, sin orden. Me mueve la emoción. Ya no solo de estar haciendo aquello que quería hacer, sino de pensar que, para mí, hacer un jabón es hacer poesía. Y este jabón empezó materializándose así, mientras recolectaba las flores del almendro.

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Al llegar a casa, las puse a secar. También había cortado algunas ramas, que puse en jarrones por toda la casa. Les hice fotos. Al cabo de unos días, las guardé en botes de cristal y deje que reposaran hasta tener lista una fórmula del jabón a la altura. Quería que predominasen los ingredientes que proviniesen del almendro, por lo que puse leche de almendras y aceite de almendras dulces. Al ser un aceite pensado para pieles sensibles, incluso para bebés, no quise poner aceites esenciales ni aromas, para evitar irritaciones o alergias. Disfruté de mimar el proceso y de poder tener un jabón que cuente parte de mi historia personal.

Para mi es importante la energía con la que se hace algo y la atmósfera que envuelve el momento, ya que de alguna manera se transmite a través de las manos y queda impreso en lo creado. Mientras hacía este jabón, escuchaba, una vez detrás de otra, a José González, In Our Nature, en concreto, Teardrop.


Jabón delicado de almendras dulces

Ingredientes: aceite de oliva virgen, aceite de almendras dulces, aceite de coco, manteca de karité, leche de almendras, flores de almendro, vitamina E. Sin colorantes, aromas ni aceites esenciales.

Indicaciones: Jabón para pieles sensibles, delicadas o irritadas. Tanto corporal como facial. Apto para embarazadas y bebés. Hipoalergénico.

Propiedades: Ahora que se acerca el invierno es un jabón adecuado ya que reduce la sequedad de la piel y la nutre en profundidad. Y en caso de irritación en la piel por el frío o piel escamada o agrietada, la calma y le aporta elasticidad. Nutre, suaviza, calma, hidrata.

En el uso: Suave y cremoso. Limpia y hace mucha espuma.

Peso: 90 gr aprox.

Dimensiones: 8,5 x 5 x 2 cm