De tradiciones y rituales...

Nunca me han gustado demasiado las celebraciones. Quizá no es tanto la celebración en sí, sino todo lo superficial que la envuelve. Más allá de lo materialista, de lo injusto o hipócrita de las celebraciones de nuestra época, hay algo más que me aleja de ellas.

Supongo que la sensación que me da es que muchas veces no sabemos ni qué celebramos. De más joven, supongo que como acto de rebeldía, me decía que no hacía falta, que "para qué", que sólo son un invento comercial... Que no tenía que celebrar cuando estuviese programado o grabado en el calendario, sino que para mi era suficiente la espontaneidad del día a día. Poco a poco esta sensación ha ido cambiando en mí, he ido entendiendo de dónde provenía el rechazo a las celebraciones y he ido encontrando qué sentido real tienen para mí.

Para mi la celebración es más un acto sencillo, conectado con algo más bien terrenal que lo eleva a un nivel más espiritual o profundo, un ritual de agradecimiento, que sale de dentro hacia fuera, y no al revés. Para mí, ahora, es más importante tomar conciencia de lo que necesito y de lo que agradezco y poder crear pequeños rituales cotidianos para celebrar, a nivel individual o no, cuando lo siento.

img-20140909-wa0000.jpg

Me gusta celebrar los ciclos de la luna y ser consciente de lo conectado que está mi cuerpo femenino al ciclo lunar, sentir cómo mi energía va cambiando a lo largo del ciclo, y crear rituales para celebrarlo: baños con flores, infusiones, meditaciones o simplemente admirar la luna. Celebro el paso de las estaciones, doy paseos por la montaña para sentir los cambios, recojo tesoros naturales para decorar mi casa, hago remedios naturales con lo que me ofrece la naturaleza en cada momento... Celebro muchos de los días cuando me levanto, medito, hago yoga, me cuido, agradezco a la vida. Celebro la pareja que tengo, siendo consciente, cuidándolo, regalándonos momentos, experiencias juntos; a veces no es necesario mucho más.

Podría continuar con la lista y me doy cuenta que cada vez me voy a detalles más "pequeños" y es que, al final, realmente es eso, tener consciencia de la vida en cada momento, vivir en el momento presente, y agradecer. Para mí es una actitud de celebración consciente y constante.

Sabiendo esto, y respetando mis rituales y pequeñas celebraciones íntimas, puedo reconciliarme con las grandes celebraciones sociales. Puedo mirarlas desde otro lado, desde su base, y disfrutarlas. La mayoría de ellas provienen de celebraciones paganas, sencillas, relacionadas con las estaciones, los solsticios o equinoccios, que a través de rituales, daban gracias a la naturaleza por las cosechas obtenidas o pedían la abundancia o la fertilidad con danzas y cantos.

Así que, de alguna manera, yo me acojo a ello y le doy un sentido más natural y sencillo. Sobretodo ahora que llega la vorágine de Navidad, en la que todos enloquecemos de tienda en tienda buscando regalos para toda la familia, pensando cuál será el mejor y más novedoso menú, o el vestido más original... Yo, desde aquí, os pido que andéis a un ritmo más lento, que os escuchéis y hagáis aquello que realmente necesitéis y que sintáis lo que verdaderamente necesita vuestra familia. Que no es necesario más. Que así ya está bien. Que lo importante es estar presente.

Y esto me ha salido así, des del vientre. De mi propia necesidad de recordarme y recordarnos, que no nos perdamos en lo superficial. Que respiremos y vivamos conscientemente. Que recordemos lo esencial.

cam00477.jpg

Para mi la Navidad es una manera de celebrar el solsticio de invierno. Es el momento más frío y la noche más larga y oscura. Es un momento de espera y de recogimiento. De observarnos a nosotros mismos antes de que vuelva la luz y renazca la vida; parecido a todo eso que hacemos de los buenos propósitos de año nuevo. Es la celebración pagana detrás de la transformación religiosa de la Navidad. Se utilizaban colores dorados, rojos, verdes; la mirra y el incienso; se decoraba con muérdago, pino, acebo...

Y en este tipo de celebración más ritual y natural, se inspira mi jabón especial de oro, incienso y mirra. Nace de este punto de consciencia y de espiritualidad. Como un reclamo de volver a lo sencillo, incluso en Navidad. Que no es lo mismo regalar algo fabricado en serie, que algo artesanal hecho con mis propias manos, pensando en todos aquellos que lo vais a regalar a vuestros familiares o amigos. Sintiendo gratitud al crearlo.

Por sus ingredientes recuerda a oriente, y por qué no, la historia que nos contaban de pequeños, de los Reyes Magos, por qué también forma parte de nosotros.

Está pensado sobretodo para cuidar las pieles más secas, maduras o envejecidas, con arrugas o cicatrices, ya que muchos de sus ingredientes, como el aceite de argán o la tintura de benjuí, son regeneradores de la piel. Su aroma espiritual calma, relaja. Pensado para baños especiales, aunque cada día puede ser especial, si tienes una actitud de celebración y agradecimiento a la vida.

Y, como siempre, lo importante de la atmósfera, interior y exterior, en el momento de crear el jabón. Incienso, calma, y esta música: Deva Premal, Incantation


Jabón especial de oro, incienso y mirra, con aceite de argán.

Ingredientes: aceite de oliva virgen, aceite de coco, aceite de palma, aceite de argán, aceite de pepita de uva, manteca de karité, tintura de benjuí, vitamina E, aceite esencial de incienso, mirra, sándalo y lavanda, y mica oro.

Indicaciones: Apropiado para pieles secas, maduras, envejecidas, con arrugas o cicatrices. Para uso facial y corporal.

Propiedades: Hidratante, regenerador, antiarrugas. Los aceites esenciales  que lleva calman, relajan, favorecen la concentración. Aroma espiritual.

Peso: 90 gr aprox

Dimensiones: 8,5 x 5 x 2 cm

mg_4779-copia.jpg
mg_4849-copia.jpg