Recolectando caléndula

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Hoy ha hecho un sol espléndido, una temperatura agradable... desde la escuela se escuchaban un par de pájaros distintos, he visto mariposas y dos moscas copulando. Había algo de aire primaveral y esto, aunque también disfrute los días más invernales, me pone especialmente de buen humor.

De camino a la escuela paso cerca de almendros en flor y de campos repletos de caléndulas. Y llevaba días pensando que tenía que ir a recolectar tanto unas como las otras. Quizá hace un par de semanas que tengo la idea en la cabeza. Y me decía a mi misma que si me despistaba más, ya no iba a encontrarlas en flor. Pero siempre, por algún motivo u otro, pereza, falta de tiempo, prioridades..., no había encontrado el momento de hacerlo.

Hoy, de camino a casa, contagiada por este buen humor, mi cuerpo, que no mi cabeza, me ha llevado directamente a los campos cercanos. Sin organizarlo, sin planearlo, sin pensarlo. Dejándome llevar por mis impulsos, por mi instinto. He estado una hora recolectando flores de caléndula y un ratito cortando ramas de almendros, sin importarme nada más. Mientras lo hacía, acompañada de una sonrisa y una sensación de paz, disfrutaba del viento que movía mi pelo, del sol en mi cara, del sonido de los pájaros, de mis manos pringosas llenas de savia. Y me he dado cuenta, de nuevo, de la magia de la vida. De como nos guía, más allá de nuestros planes. Y es que hoy es luna llena, el mejor momento para recolectar las flores, ya que gracias a la influencia de la luna llena, están en su punto más álgido y contienen el máximo de principios activos. Así que, no había mejor momento para hacerlo que éste. De nuevo, la vida fluye y yo fluyo con ella.

Ahora, con las plantas ya en casa, voy a ponerlas a secar unas dos semanas. Con las flores de almendro decoraré el jabón de almendras dulces. Y las flores de caléndula las pondré a macerar en aceite de oliva o de almendras, para hacer un oleato que me servirá tanto para tener aceite de caléndula como de base para un jabón o para una crema, con la idea de aprovechar sus propiedades cicatrizantes, desinfalamatorias, antisépticas y regeneradoras. Por lo que irá destinada a cuidar las pieles sensibles, delicadas o secas, con problemas de acné, heridas, cortes o quemadas. Y también para pieles de bebé, combinada con el aceite de almendras. Ya os iré contando.

Y he aquí mi sonrisa, mi pelo revuelto, el brillo en mis ojos y una foto desenfocada, captando la belleza imperfecta de un momento de vida, de intensidad.

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