Limones, tomillo y miel

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Hacía años que no estaba tan mala, tantos días con fiebre. Normalmente me cuido para no llegar a esto. Tomo agua con limón nada más levantarme, para hidratarme y ayudar a depurar a mi cuerpo. Intento comer lo más "limpio" posible, para no ensuciar por dentro a mi cuerpo. Lo más vegetariano y sin gluten posible, sin fritos, sin azúcares, sin lácteos... Bebo infusiones y no tomo medicamentos. Y a veces hago algo de ejercicio. Bueno. Esto era lo que hacía. La verdad es que llevo un tiempo, unos meses, de descontrol en este tema. Después de muchos años como vegetariana estricta, empezando un camino como crudivegana, podríamos decir que me he salido de mis propias cadenas. Y digo cadenas, por que llegó un punto que me asfixiaban. Había creado una teoría que me limitaba. Decidía lo que comía según mi cabeza, no según mi necesidad. Al final no me sentía bien. Y, por mi carácter, al liberarme de eso, me he ido al otro extremo, al dejarme llevar, a comer lo que me apetece sin más. Escuchando mi cuerpo, si, pero dándome cuenta de que el que habla, muchas veces, no es el cuerpo, sino la parte emocional, la ansia, la gula, el estrés... Así que llevo unos meses al más puro estilo epicureo, pero sin prudencia, sin escucharme realmente. Y, al fin y al cabo, saciando antojos y no necesidades. Y, aunque ahora, cuando como algo que sé que no es "sano" ya no hay sentimiento de culpa como antes y lo disfruto, siento que no acaba de sentarme bien, siento que satura mi cuerpo. Me doy cuenta que muchas veces, sólo satisface la parte emocional. Como cenar tapas de fritos en una cena con amigos, atiborrarme de pan con mayonesa en casa de mis padres por que lo he hecho toda la vida, beber cerveza cuando voy de concierto o comer patatas de bolsa o galletas cuando estoy nerviosa...

Todo esto, ligado a todo un viaje emocional y energético que siento que estoy haciendo, desde hace un tiempo, hace que finalmente haya caído mala, toda una semana. Me dijeron hace poco, que tenía los pulmones cargados, a nivel emocional. La tristeza se aloja ahí. Y voy llorando, pero siempre quedan cosas por llorar. Así que esta semana, me la he pasado tosiendo. Imaginando que vaciaba mis pulmones de tristeza. Y dejando que mi cuerpo, a través de la fiebre, se cure. Aunque me han recetado antibióticos, jarabe para la tos, paracetamol e ibuprofeno, sólo he tomado aquello que ayuda a mi fuerza vital a sanar mi cuerpo, según decía Hipócrates. Para ello, me he rodeado de limones, tomillo, miel, polen, própolis, naranjas, tintura de equinácea, mucha agua y paciencia.

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Y siento que mi cuerpo, de alguna manera se ha limpiado. Ha vaciado mucosidad acumulada, no sólo de ahora, sino de tiempo comiendo no del todo bien y quedando la mucosidad como un residuo de una mala digestión. Ahora me siento más regulada, no tengo antojos o no tan fuertes y no siento gula por la comida. De forma natural, me apetece lo que realmente necesita mi cuerpo. Es curioso como antes, para llegar a esto, tenía, o que racionalizar y justificarme, o sacar toneladas de fuerza de voluntad. Ahora siento que llega de forma más instintiva, fluyendo, sin forzar. Escuchándome sin interferencias. Y me siento más tranquila.

Y justamente hoy, que es luna llena, el cuerpo absorbe al máximo todos los nutrientes de lo que ingerimos y nuestras emociones están más a flor de piel. Así que, aún más consciencia.

Parece que este 2016 me pide limpiar en todos los sentidos. Empecé el año sintiendo una gran necesidad de limpiar mi casa, tirar cosas, ordenar... luego tuve un bajón emocional, que me pedía soltar cosas, dejar ir... y ahora, en el plano más físico, me paso una semana con fiebre, limpiándome por dentro. Y en esta misma línea de "limpiar", he creado la nueva línea de productos que está por llegar. Por que no puedo hacerlo de otra forma, sino creando, según mi sentir y mi propia experiencia vital.

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La música que me ha acompañado estos días es Suzanne, de Leonard Cohen.