sangre sa(n)grada

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Me gusta ver la sangre sagrada que ha albergado mi útero. 

Hace 10 años que llevo utilizando la copa menstrual. Vi tan claro el cambio en su momento que la integré fácilmente. No más compresas de plástico y blanquedas en contacto con mi vagina. Ni más residuos en el planeta. Y ni hablo de los tampones por que, a parte de alguno en mi adolescencia, no los llegué prácticamente a utilizar. Por salud y por ecología. Algo me rechinaba en lo que se me vendía, junto con las anticonceptivas y los ibuprofenos, el mensaje subliminal que recibía era: la regla es sucia, huele mal, mancha, te entorpece, duele... mejor no la sientas. 
Cuando me puse mi primera copa menstrual me di cuenta de la belleza de mi sangre. Mi cuerpo ha creado todo ese alimento lleno de vida y muerte y el útero, con sus contracciones, lo ha expulsado, vaciándose para volver al vacío fértil y empezar un nuevo ciclo. Cuánta magia y poder en mi cuerpo. Cuánta sabiduría y salud en sus procedos de creación de vida. Empecé a leer a Miranda Gray, a hacer mis diagramas lunares cada mes, a entender que la menstruación forna parte de un ciclo y que en cada fase se mueven aspectos diferentes que me permiten re-conocerme. Y compartiéndome en círculos de mujeres para empaparme de sororidad.
A día de hoy, aunque la copa me permitió abrirme a todo esto, y la sigo utilizando en días ajetreados, me siento más conectada con el dejarme sangrar sin bloquear su salida. Cuando puedo, sobretodo en meses calurosos, me dejo sangrar libremente, desnuda en casa o con un falda larga en un entorno de confianza. Es un aprendizaje de conciencia corporal en el que sientes cuando baja la sangre y puedes vaciarla. Como la mayoría de días no puedo gozar de esa libertad, me pongo compresas de tela. Y la copa, cuando me la pongo, me permite vaciar su sangre en mi cuenco, honrarla y ofrendarla a la tierra para que la nutra. 
Y sigo en constante aprendizaje y profundización de mi feminidad, tanto a nivel físico con los registros completos que propone Agustina Heredia en su cuaderno menstrual, explorando el cérvix, el flujo, la temperatura basal, utilizando espéculo, etc. Empoderándome de mi cuerpo con libros como Ginecología natural. Como a nivel energético, honrando mi sexualidad sagrada a través del tantra, y recordando y encarnando el poder inmerso en la sabiduría ancestral de las mujeres, albergada en nuestra intuición, escuchando el latir de mi vientre, la vibración de mi útero, poderoso centro de poder.

Y uno de los libros que más estoy saboreando ahora es el de La mujer oceánica, de Myriam Peña Sanchez Garrido de la Escuela de mujeres.

Gracias a todas las mujeres, empezando por mi abuela y mi madre, que me han acompañado en mi camino de conciencia, de recordar, re-conocerme y re-conectar. 

Vibrando alto desde nuestro poder!

Aho!